Somos de la Luz, por la Luz y para la Luz. La Vida no es de la muerte. Dar testimonio del Espíritu por encima de la carne, es en este mundo antojadizo y efímero nuestra esencial y bienaventurada función, y Amarnos como DIOS VIVO, el Santo de los santos, nos Ama, la bendita senda a recorrer, según testimoniamos valientemente que no hay Verdad en lo tornadizo, Amigabilidad en el narcisismo, ni Virtud en los frívolos gestos de fingida filantropía; antes bien, lo contrario: encubiertos embustes e insolidarios afanes. Porque, valorar y buscar atesorar como primordial lo corruptible aparentando lo contrario, acaba siempre por desdeñar, oscurecer y hostigar -con estudiada saña- a lo santo, justo y eterno; trayendo dolor donde se buscaba satisfacción.
-Un servidor de DIOS VIVO-
