Y en lo más oscuro de la inevitable caída —de querer a la fuerza asir por las propias humanas fuerzas lo Divino—: una desilusión, un dolor lacerante, un desgarro del alma; una demoledora sacudida de los cimientos carnal/intelectuales; un humilde y liberador aprendizaje, un sincero arrepentimiento y abandono de la propia vanidad que injustamente se erigía en juez siendo parte; una rendición total a lo Alto, una plegaría allende las palabras (todo corazón) en silenciosa espera, anhelando Consciencia y Esencia, Verdad y Amor, Paz y Dicha, no para sí sino para todos... y, por la gracia, de súbito la inefabilidad de DIOS VIVO se manifiesta indubitable, rotunda, asombrosa, bienaventuradamente eterna en Espiritu y comunión de almas.
-Un servidor de DIOS VIVO-





























