La vida se despliega milagrosa cuando escuchamos de corazón la voz de la intuición que del Alma brota por encima de las erosivas pautas del ego. Confiemos y amemos, por tanto, con autenticidad. No hay aridez que la fe verdadera en DIOS VIVO no transforme en fresco manantial, ni caída que Su gracia -a los que de veras aman- no les levante de nuevo el vuelo. Puesto que Amar a DIOS VIVO es Amar el Amor; y no hay Amor mayor que el Infinito, Puro y Bienaventurado que el del Santo de los santos, la Luz de las luces, el Eterno Inefable, alberga hacia toda Su creación.
-Un servidor de DIOS VIVO-





























