Hay un esplendoroso reflejo eterno sin necesidad de espejos: la comunión del Espíritu de DIOS VIVO en toda Su Creación.
Renunciar al tentador apego de espejear un divisor ego —inoculado muy, muy antaño en el alma humana por 'la serpiente antigua' o diablo—, aceptando agradecidos la bendita condición de ser de naturaleza Divina y no de un aparte temporal/carnal en exclusiva, nos retorna felizmente conscientes a esta humilde —y a su vez gloriosa— condición de perenne plenitud universal de los unos con los unos, como múltiples inseparables Hijos del Santísimo Uno Sin Opuesto.
La Verdad que nos libera de los férreos amarres a este mundo mentiroso es el Amor genuino, o incondicional e incondicionante. Porque sólo dándonos sin engaño somos —Amor—, y únicamente bendiciendo libres de resentimientos resucitamos —Verdad—.
-Un servidor de DIOS VIVO-


























