Invicta queda, aun rodeadas por las miserias y corruptelas del mundo egoico, la felizmente recuperada pureza sagrada de las almas que, tras variados tropiezos y amargas vicisitudes -por propia ignorancia padecidos-, rinden su orgullo consagrándose a la Verdad Divina.
Milagrosamente, estas almas, por su humilde y sincera disposición a servir de nexo a la unicidad esencial, renunciando a que los demás se abajen para ser servidores de su particular confort, son restauradas y sanadas de las viejas y purulentas heridas que emponzoñaban su bienaventuranza original... Ahora, ahí, con quienes la Providencia Divina las relacione, son jubiloso ánimo entre lacrimosas penalidades, luz entre tinieblas, perdón entre ofensas, vigoroso espíritu entre frágiles cuerpos, justedad entre infundios, generoso compartir entre avaros atesoramientos, firme mano amiga que levanta entre hostiles y disimuladas zancadillas, palpitante esperanza viva entre desfallecidos abatimientos, valeroso amor entre cobardes rencores, plenitud de vida entre angustias de muerte.
Y por la gracia, todas estas almas, en un mundo plagado de insípidos y esclavizantes apegos al ego, se transforman y convierten en fieles testigos extensores del sabor intensamente luminoso de la liberadora confianza en DIOS VIVO a otras almas hermanas que una vez saladas e iluminadas, salen e iluminen a su vez a otras almas que han olvidado el bendito sabor y la gloriosa luz de lo santo, eterno y pleno de DIOS.
-Un servidor de DIOS VIVO-




























