Oigamos el Espíritu de la Santa Palabra en las palabras que, cual poderosa y sublime melodía, vienen de Lo Alto para elevar lo bajo, derribar malvadas murallas y liberar lo que tras ellas estaba preso. ¡Bendiciones hermano/a en la Luz! No hay cadena carnal, inquina humana o diabólica tiniebla que DIOS VIVO en Su Infinito Amor no rompa, perdone e ilumine.
Sigamos, pues, el son de la desinteresada y fraterna música del Alma, que en lo íntimo armoniza lo Divino y lo humano en santa relación no devolviendo jamás mal por mal, y evitemos como si de la peste se tratase el ritmo avariento y vengativo del 'Flautista de Hamelín', que, camuflado como bondad, solamente ayuda para lucrarse, y si no obtiene su particular beneficio -creyendo justo lo injusto- perjudica a quien juzga le perjudicó.
-Un servidor de DIOS VIVO-




























