Sin la vivencia del Espíritu de DIOS VIVO en el alma, la humanidad se extravía dolorosamente por sendas anchas de perdición: tener lo pasajero por fundamental construye mundos que se desmoronan, una y otra vez, en su inanidad. Sostener teorías como axiomas conduce a opresivas distopías, según prometen liberadoras utopías. Admirar lo superfluo como esencial fabrica vanidosas estéticas, recargadas y grotescas, consideradas ofuscadamente arte. Medir la riqueza por la acumulación de oro, plata, papel moneda o posesiones materiales amontona copiosas miserias del corazón que, en lugar de dicha y bienestar, traen angustia y desconfianza. Endiosar lo carnal niega infiernos en tanto los acrecienta, hallando destrucción y muerte donde se esperaba consolidación y vida.
-Un servidor de DIOS VIVO-



























