Fascinación mundana.
Codicioso deseo desbordado.
Vínculos lascivos, coléricos y vanidosos.
Euforia egoísta insensible al lamento del prójimo.
¡Caída!
Mirada turbia. Oído sordo. Palabra maliciosa.
Despiadado interés propio fingiendo amigabilidad.
Diabólico culto engañoso.
Cristo rechazado.
Hombre viejo, aun en su infancia.
Truenan los confines del orbe tentados por el dragón.
Hermanos contra hermanas. Padres opuestos a hijos.
Nueras contrarias a suegras. Amigos enemistados.
Naciones divididas y enfrentadas por el odio.
Punto de no retorno.
Sismos y torbellinos en los externos e internos ámbitos.
Materia y éter en delirante colisión.
Miedo. Aislamiento.
Perverso silencio.
Desgarradora hecatombe.
¡Tañen a luto las campanas!
(Misterioso fracaso que, milagrosamente, nunca será tal).
* * * * * * *
Desolación del alma.
Repudio sincero de los vínculos egoicos.
Total abandono de la diabólica fascinación mundana.
Purificación y profundo cambio.
Cristo acogido.
Hombre nuevo, siempre.
Júbilo compartido que sana pesares del prójimo.
¡Resurrección!
Y llora ascuas el dragón engañador,
embarrado en vientos que lo engullen para siempre
en el mismo éter que quiso conquistar y devorar.
Esperanza retoñada...
Se calman los confines del orbe.
Hermanos junto a hermanas. Padres afines a hijos.
Nueras allegadas a suegras. Amigos aunados.
Naciones fundidas en un sólo pueblo santo.
Materia y éter comulgando en un mismo Espíritu.
Amor. Unicidad.
Comunicación óptima.
Plenitud de DIOS VIVO.
¡Repican a gloria las campanas!
(Misterioso milagro de inevitable éxito desde el principio).
-Un servidor de DIOS VIVO-




























