Primeramente dirigido para mi propia purificación, y de inmediato para todos aquellos que —como un servidor— anhelan con corazón sincero que todo lo ilusorio, temporario, profano, divisor y falaz en uno sea humo y cenizas donde sólo quede lo real, eterno, bendito, fraterno y verdadero por DIOS VIVO creado (Amor Infinito en el Amor Sin Condiciones); escribo rendido y solícito al Fuego de la Verdad venido de lo Alto, que me incendia e ilumina con una paz y un gozo que las vicisitudes, enfermedades y desprecios no minan, palabras que deshacen palabrerías, ideas que desvanecen ideologías, versos que invitan a la armoniosa comunión de Almas y libros que inspiren una conexión directa con lo Divino y liberen de la necesidad de estos.
¡Santísimo Fuego éste que —oh, maravilla— experimento como una sagrada hoguera milagrosamente destructora y purificadora (total y definitiva) de la egótica mancha tentada por la «serpiente antigua» o diablo que por dentro me corrompía y engañaba sugiriéndome, aviesamente, abrazar el resentimiento y la desconfianza personal en lugar del perdón y el Amor universal!
-Un servidor de DIOS VIVO-





























