Todos, en esencia, somos uno. La Verdad se establecerá en el mundo a pesar del violento empuje desesperado de las mentiras... Liberación. No somos egos. Todos somos SOY.
Somos libres, espiritualmente libres. Sólo tenemos que despojarnos de los sesgos separativos, abriendo la mente y el corazón a la Verdad. Y la Inefable Unicidad Divina se revela diáfana. Porque la Verdad de la Vida Eterna está escrita con palabras de fuego santo en todos los corazones. Tan sólo hemos de mirar al corazón propio y del prójimo con confianza fraterna, humildad y comprensión.
Amemos, amemos, amemos. Somos templos Vivientes del Amor más puro e indestructible.
Abramos nuestra esencia únicamente a lo esencial y cerrémosla a lo banal. Entreguemos nuestra apariencia temporaria a la realidad intemporal; bendigamos carne y espíritu, sol y luna, arriba y abajo, adentro y afuera... la hora del gozo y la plenitud es próxima. Toda tribulación y adversidad sirven al crecimiento de lo auténtico e indestructible. Amemos la tribulación sin juicios que la condenen.
No temamos las contrariedades. Sencillamente perseveremos con consciencia fraterna entre desamores e inquinas. Confiemos, amemos, comprendamos la raíz del mal como ignorancia y la luz que hay en nosotros se irradiará sin obstáculo. Todos somos Hermanos en el Infinito Amor de DIOS VIVO. Lo que muere no es nuestro ser, ni el temporario temperamento y físico nuestra identidad... somos lumínicos haces de la Única y Sagrada Luz Imperecedera.
Paz y Felicidad incontenibles alborean en el buscador honesto de la Verdad. Tengamos fe. En lo inmanente todo está bien; en lo trascendente, también. Las lágrimas se convertirán en flores, y las flores en sublime fragancia, y la sublime fragancia en luz, y la luz reinará por siempre. Así que cuando nuestros rostros se empapen de lágrimas oremos sinceros, meditemos con constancia, aceptemos con humildad, y permitamos a la esperanza desbrozar las malas yerbas que entorpecen la senda a recorrer; porque, sí o sí, todas ellas germinarán, lágrima a lágrima, como sagradas semillas de bienaventuranza, y serán acogidas y enjugadas por el Altísimo.
Nada verdadero queda en el olvido. Todo lo ilusorio, sin embargo, no precisa ser recordado. La Verdad asciende de lo bajo, las mentiras caen de lo encumbrado... todo lo genuino asciende. Nada pues que temer: somos Espíritu, somos Luz, somos Vida desde siempre para siempre, allende el espejismo del tiempo... Amor, Amor, Amor.
Tengamos esperanza... crezcamos en lo substancial... la felicidad de Ser indivisos de DIOS VIVO nos espera aquí y ahora con paciencia inagotable... caminemos generosa y valientemente la senda de la Luz, del Amor y de la Vida... La Verdad se instaurará sí o sí finalmente, porque en Su plenitud es eternamente invicta.
¡Bendiciones! Todos somos Hijos de DIOS VIVO. Y todos los Hijos de Su Amor volverán, por Amor, a Su Morada Santa.
-Un servidor de DIOS VIVO-






























