Amigo/a. Tú que lees esto y buscas de verdad la Verdad, no temas. Alégrate. Nuestro ser verdadero (el alma) es inmortal en el Espíritu, no en la carne. Somos del Amor Universal, no del separativo ego; somos en comunión con la Luz Inefable de la Consciencia Pura, nunca de los elitistas oscurantismos del impuro juicio arrogante; somos de DIOS VIVO, jamás de la diabólica muerte. Nos debemos, pues, a la sagrada intemporalidad Divina que es la única que palpita plena de Vida inagotable.
Sencillo de explicar es lo evidente. En nuestro núcleo más hondo intuimos y aspiramos a la plenitud indivisa, por tanto ésta es real o no la podríamos concebir en nuestra mente, ni anhelar de corazón. Y, como tanto el mundo con sus divisiones y el cuerpo/intelecto con sus limitaciones son temporales, concluimos que el mundo no es nuestro auténtico hogar ni el cuerpo/intelecto nuestra identidad real.
-Un servidor de DIOS VIVO-

























