Siete años hace ya que mi hermano carnal, amigo del corazón y maestro del alma (humilde y generoso como pocos cuando pisaba esta tierra), me inspira en comunión desde el Cielo, ayudándome a transitar la senda que va de este mundo oscuro, efímero y divisor al eternamente luminoso y en plenitud... ¡José Manuel, más vivo y presente en esencia y viveza que cuando estabas en el cuerpo! ¡Gracias, gracias, gracias!
Realmente, en la Verdad del Espíritu, el pesar se torna esperanza consumada y la ausencia perceptiva se diluye en indescriptible unicidad viviente. ¡Bendiciones! ¡Aleluya! ¡Gloria a DIOS VIVO! ¡Vivimos en el milagro y la bendición! El Amor verdadero, puro, inmortal, desprendido, valiente, comprensivo y universal trasciende tiempos, carnes y vicisitudes en un aquí y ahora lleno de confianza en lo Alto, colmándonos el alma de jubilosa paz.
-Un servidor de DIOS VIVO-





























