No hay más sordo que el que se escucha a sí mismo, ni ciego más ciego que el que lo mira todo y a todos desde sus prejuicios. Porque creer conocer nunca será realmente conocer, y retener en la memoria unos juicios acerca de los demás impide ver lo que se manifiesta en el presente, convirtiendo de tal modo aquellos juicios del pasado en prejuicios actuales, descuidando y equivocando sobremanera lo que se tiene ante sí convencido de atinar.
Por esto la sordera de las sorderas, y ceguera de las cegueras, y el error de los errores, y el prejuicio de los prejuicios, y el descuido de los descuidos, y el pecado de los pecados, es la soberbia y falta de fe de considerar que lo Divino no pueda manifestarse de palabra y obra —aunque se esté ciertamente manifestando— en un cercano de años y ya enjuiciado previamente.
-Un servidor de DIOS VIVO-





























