Suponerse separado de la Eterna y Espiritual Vida de vidas es consciencia limitada, errada, impura e irreal (el ego, la carne/intelecto mortal). En cambio, reconocerse en comunión con la Eterna y Espiritual Vida de vidas: consciencia ilimitada, verdadera, pura e indubitable (el Hijo de DIOS VIVO, el Ser impecable, el Alma imperecedera).
Mas, una porción -aunque la intuya y a ella aspire- no puede conquistar la plenitud; sólo rendir humilde su orgullo, confiar y recibirla por gracia. En consecuencia, ahondemos, meditemos, acallemos los juicios y prejuicios, perseveremos en la fe, oremos y no compitamos los unos con los unos, antes bien ayudémonos y alentémonos. De improviso, milagrosamente, recibimos, conocemos y comulgamos con 'Todo Lo Que Hay Y Es'.
Por la Conciencia Pura (nuestro Ser sin mácula, indiviso de DIOS VIVO), el perfil, el fondo y el trasfondo son una tríada inseparable que entrelaza percepción, sensación y consciencia; la realidad es plena, jamás fragmentada. Al igual que la formulación de palabras no expresa totalmente la idea en sí que intenta transmitir, la silueta de las cosas tampoco muestra por completo las cosas en sí. Por esto, si no captamos la esencia que a todo lo sensoriamente percibido sustenta y articula, únicamente vislumbramos una apariencia de realidad, nunca la realidad misma.
‘La Buena Nueva’ es que en cuanto reconocemos, recibimos y acogemos a Cristo Jesús en el corazón, viviendo según sus enseñanzas, se nos resucita a la Vida Verdadera, infinitándonos a los unos con los unos en la perenne, gloriosa e inefable plenitud de la Divina Creación.
-Un servidor de DIOS VIVO-

























