No hay paradoja o equívoco sino poderoso conocimiento en maldecir lo que maldice y en bendecir lo que bendice con rotunda claridad, puesto que bendecir lo que maldice acrecienta lo maldito con engañosa apariencia de bondad.
Por lo antedicho, la auténtica sabiduría nunca ha consistido tanto en acumular eruditos conceptos o formulaciones mágicas como en entender de veras aquello conocido, aquello que se encuentra aquí y ahora, concreto, en nuestra directa experiencia vital.
En consecuencia, la genuina espiritualidad jamás es un ejercicio de bendecirlo todo a tontas y a locas, sino de discernir qué es ciertamente bendecir y lo que de ello derivará. Pues, sin cesar, 'la serpiente antigua' (diablo o satanás) bendice cualesquiera cosa o circunstancia vistosa que prometiendo mucho nada nutricio da, y que a lo santo maldice y tienta al tropiezo, según denuesta la íntegra y amorosa voz de DIOS VIVO, que venturosa guía a la humanidad desde el hondón de sus almas, mediante la artera treta de alabar e inflar como provechosa la aciaga y codiciosa separatividad egoica.
-Un servidor de DIOS VIVO-




























