El mundo egoico, negador de DIOS VIVO, brama enloquecido en su mundanidad. Claveteando corazones desolados por el engaño de su falsa luminosidad, prometedora de especiales y variopintos paraísos ideales de enfrentadas ideologías, que por su engreída y hedonista mirada separadora en la práctica, sin excepción, tornan todo lo que urden en infierno... eclipsando la luz tras la agotadora y tenebrosa cruz del carnal dolor y la temporaria muerte.
El Amor, conocedor de DIOS VIVO, arrulla cuerdo en su plenitud espiritual. Resucitando corazones desolados por la Verdad de su indivisa luminosidad, dadora del sustancial, bendito y único paraíso real, libre de contendedoras ideologías, que merced a su humilde y universal mirada fraterna en la práctica, sin excepción, torna todo lo que manifiesta en Reino de los Cielos... transformando cualesquiera tenebrosa cruz en la bienaventurada e inagotable Luz de la Sagrada Vida Eterna.
-Un servidor de DIOS VIVO-


























