La dificultad del reto que la vida en el mundo nos plantea nunca debe sobredimensionarse, manteniendo firme en nuestras conciencias el hecho crucial de que DIOS VIVO siempre está presente en el meollo de toda situación vivida, por dura que ésta sea; pues el temor, sin duda, agiganta la sensación de desamparo y pequeñez que se desearía evitar y frenar para avanzar en paz. Más, tampoco ha de minusvalorarse la presión que su envite efectúa: o el orgullo ciego del violento insensato, o la tibia indolencia miope del acomodaticio acrecentarán las perniciosas consecuencias de la dificultad surgida, descuidando la enseñanza profunda de humildad y confianza en el poder providente del Altísimo, que, mediante la Sagrada Ley del Amor, toda adversidad y funesta tiniebla de muerte transforma en un luminoso y feliz milagro de eternidad.
-Un servidor de DIOS VIVO-





























