Entronizarse sobre el prójimo y contemplarlo como inferior (ego) es supino deterioro de tronado, que en el mejor de los casos, buscando ayudar e iluminar desde su pomposo torreón, obstruye, ensombrece y retarda, y en el peor, buscando -taimado- lo excelente sólo para sí, detiene, oscurece e impide.
La luz vera es humilde, no se engríe ni enaltece de iluminar al reconocerse -gracias a DIOS VIVO- vinculada a todos y a todo en indivisa comunión sagrada (Cristo), quedando completamente libre de autoengaño y tinieblas; más quienes en su brillo se refocilan vanidosos, viendo no ven, y rodeados de luz -creyéndose exclusivas luminarias-, autoengañados, caminan en tinieblas.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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