lunes, 9 de febrero de 2026

SOMOS MÚSICA SAGRADA EN ESENCIA Y VERDAD

    Acallemos los conceptos y prejuicios que en la mente surgen, no significando la batahola de suposiciones que el cacofónico ego pergeña
 con engañosa seducción, pero que siempre infligen más mal que bien a quien los valide. Oremos. Meditemos. Confiemos. Y, en ese silencio sagrado subsecuente, surge espontáneo e inesperado un canto interior, que irrefrenable se vierte al exterior para bendecir y alabar en lugar de quejarse y condenar; convirtiéndonos así nosotros mismos en música, en una bellísima música que todo aclara, reúne y: en inefable comunión, libera. Puesto que la Luz del DIOS VIVO que nos habita se evidencia cercana, común e inmaculada. Y ahora, en nuestra humilde aceptación presente, convertida en una hermosísima y cálida sinfonía, que comunica más que todas las palabras habidas y por haber, vigoriza, abriga e inspira a cualesquier afligido que a su gracia se acoja. Mostrándole con sincrónica y milagrosa nitidez la senda a la plenitud espiritual que ha de transitar.
    No seamos, pues, asustadizos ni pusilánimes. Perseveremos conscientemente esperanzados de Su infalible guía, y vivamos el momento sin nostalgias o amarguras pretéritas; más, tampoco con angustias o avideces supuestamente por llegar.
    Aquí y ahora, en Esencia y Verdad, DIOS ES en ti, en mí, en todos y en todo. Bajo el manto de la plegaria nacida del corazón el alma es alzada allende las fronteras de la carne. Y la unicidad con la vida toda, en intemporal nexo que trasciende cuerpos y situaciones mundanas, se vivencia eufónicamente radiante, jubilosa, y salvífica en una inenarrable comunión de Espíritu.

-Un servidor del DIOS VIVO-


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