A quienes buscan sólo el propio contento, la pena -como sombra- acompaña. Nadie es más ni menos que otro; el mayor de todos los pecados: la división.
Es la plenitud del Espíritu quien de la pugnaz carnalidad nos salva.
Las veleidades del ego crecen vistosas sobre vana y endeble raíz. Vigilemos, no flaquee nuestro Amor al prójimo por pasiones mundanas; pues, como entre nubes mengua la luz, entre codicias se disipa la paz... La ventisca zarandea la hojarasca ante rocas de sólido aposento, que saben, bajo la torrencial lluvia, del indudable despeje solar.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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