Como un bosque desierto de flores en primavera es el panorama experimentado por quienes viven de espaldas a DIOS VIVO. Viviendo a destiempo todo el tiempo en el Tiempo: huyendo de su sagrada responsabilidad fraterna con evasivas risotadas en el día de la solidaria entereza o lloriqueando en la prosperidad temiendo cobarde y codiciosamente su término.
En consecuencia, aunque no para la carne y el ego (tendentes a futurizar cicateras memorias separativas), para el Espíritu el mundo es hoy, siempre ahora, una bendita puerta a la eternidad; ya que la vida jamás -en su sagrado núcleo- puede ser sometida por la muerte cuando, vuelta la mirada hacia el Amor y la Verdad de DIOS VIVO, se decide vivir totalmente presente con generosa valentía unificadora.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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