No hay envés sin revés, ni vida carnal libre de la enfermedad, la vejez y la muerte. La auténtica vida, eterna y en plenitud, por tanto, concierne al Espíritu no al caduco cuerpo.
En consciencia el escape de esta letal condición pasa, inexorable, por Amar de veras; nunca competir u odiar, ni tampoco cofundiendo el Amor con el falso amor o apego.
-Un servidor de DIOS VIVO-
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