¡Gracias, gracias, aleluya!
Era un pozo seco. Oscuro abismo. Oquedad sin sentido.
Agonía de muerte.
Hincada mi alma en lágrimas, DIOS VIVO,
te imploré consciencia y esencia, amor y verdad, paz y plenitud.
Y ¡oh milagro!
Tu Luz iluminó mi nada. El abismo hizo cima,
y del corazón surtió una fontana irrefrenable de Agua de Vida Eterna.
¡Aleluya, gracias, gracias!
-Un servidor de DIOS VIVO-

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