En DIOS VIVO no hay prisas particulares que justifiquen demoras esenciales, ni asunto alguno superior al Amor. Por eso, no hay donosura mayor en el trato con el prójimo, ni gracia más grande del alma, que afrontar los urgentemente cínicos, vanidosamente elitistas e inverecundos pretextos mundanos de frente: humildes, con autenticidad, sin plegarse al temor o a la comodidad; amando, conversando y sirviendo lealmente —sin ánimo de lucro o renombre— a las gentes, tanto para su bien terreno como eterno.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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