jueves, 25 de octubre de 2018

ACCIÓN INEGOÍSTA

   Lo que es perecedero no tiene verdadero valor. Ni posesiones ni razones personales, más tampoco posición o influencia, ni siquiera evasiones, lujos y mandos, salvan de lo insalvable: aquello que aparece ha de desaparecer. No te preocupes por sostener lo insostenible ni busques fórmulas mágicas para conservar lo inconservable. Simplifica y acepta. Ahonda y comprende. No hay nieve ni escarcha que duren para siempre, ni árbol, bosque o montaña que permanezcan eternamente... todo pasa y termina en lo perceptivo, nada queda en la forma. Planetas, estrellas y universos, aunque duren eones, finalmente, acaban. Ve, pues, a lo esencial y no te distraigas con lo circunstancial.

   Congratúlate en lo eterno. No idealices las cosas del tiempo... El espíritu es ciertamente vida, el resto no tiene sentido ni valor real... tan sólo el Amor que compartes permanece... desde dónde vives, desde dónde te comunicas, desde dónde haces lo que haces, es lo esencial y no la cáscara vana del hecho superficial en sí. La vida, la comunicación y la acción inegoísta que se realiza para el bien de todos, y no sólo para obtener un fruto personal, es la bienaventurada vida, la eficaz comunicación y la liberadora acción. Por tanto, no pongas el poder fuera de ti. No te fracciones con cálculos de divisora acción. No te compares ni enjuicies, no te proyectes en la vastedad del mundo ni te idealices apartado en un rincón, no te agarres ávidamente a relaciones o a cosas, mas tampoco las desprecies con rencor... Déjalo ser... vívelo todo con la calma del ojo del huracán. Aunque todo, incluido tu propio cuerpo, se derrumbe, permanece sereno y feliz; y nunca más el desconsuelo. El karma no es ni bueno, ni regular, ni tampoco malo; tan sólo, una oportunidad que ahora hay para liberarte de ideas inútiles. Acepta... acepta y comprende: se recupera el poder, el verdadero poder, afrontando sin temor las situaciones que atemorizan o irritan, y, también, ante las que se anhelan; pues, tras cada deseo que se persigue con ansia voraz, se ocultan agazapadas la culpa y la codicia surgidas del ego, esa reductora manera de pensar que se alimenta del miedo. Suelta, en consecuencia, toda pretensión, todo concepto o elucubración y recupera la paz de espíritu, esa íntima luz infinita desde la que toda acción bendice, ama y libera. Confía... Vive ahora atento al ahora... Déjalo ser... y estate presente en el presente para darte por entero y consumarte en el Amor convivido. Actuando, libre y voluntariamente, para el despertar de la Consciencia Una en todos y no sólo para ti.

   Sé acción inegoísta y te verás liberado del angustioso sueño del ego. Renuncia al resentimiento y al apego. Abandona la ilusión del éxito personal y no fracases más en la realización de acciones inútiles que nada perdurable dan. Deja que la pureza venga a ti para ser compartida... para ser Respuesta... para ser Comunión... regocíjate de ser libre, y comparte la radiante libertad de no constreñir ni constreñirte con cambiantes fabulaciones que atan a lo transitorio y fútil. No temas... Ama... Déjalo ser... elévate más allá de los conceptos. Permítete permitir; y danza el baile de las estrellas, de los mundos y de los eones, y canta el canto del Silencio, y bendice el instante eterno que todo lo abarca, y vive siendo consciente de lo que no nació ni morirá, y despierta feliz en la eternidad que deshizo el vano sueño del tiempo..., al realizar tus acciones desde la Consciencia consciente de Ser pura Consciencia... sencillamente manteniéndote fiel al constante flujo de lo esencial.

   Ama. Date por completo e, inesperada y sincrónicamente, recibirás paz y dicha inefables. Suelta tus expectativas, comparte tu corazón de corazón, y hallarás cumplido tu destino de plenitud que es inseparable del de tu prójimo. No dos, la perfección de la Divina Unicidad, es definitiva bienaventuranza.  Namasté.

KHAAM-EL



Que tu acción provenga de lo esencial, puro e inefable; 
buscando únicamente el bien de todos, 
sin esperar un resultado personal específico... 
Y lo real, claro, perenne y bienaventurado, 
espontánea y sorpresivamente, se manifestará 
disipando las cambiantes oscuridades del dolor 
con las que las ilusiones del sufrimiento te afligían.





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