Es el Espíritu de amorosa comunión, y no el cuerpo/intelecto de personalista desunión, quien da a luz una renovada vida en Divina plenitud que la sola carne no conoce, ni el humano entendimiento alcanza a comprender.
Toda separación es aparente, nunca esencialmente real. DIOS brilla y orienta desde lo hondo de uno como un sol que se funde con los soles del prójimo; al igual que la miríada de estrellas que a los ojos del cuerpo lucen desperdigadas en la noche, cuando despunta la alborada se hacen, sin especial esfuerzo, una sola luz que abarca por entero tanto el firmamento como la tierra que hay bajo suyo.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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