Sólo el Espíritu da vida y significado a la carne. Ésta, sin Él, es como ojo sin vista, oído sordo o barco sin timonel.
La carne alejada de la conexión con el Espíritu sólo teje y desteje sin ton ni son, enredando y discordando con terribles banalidades egoicas la inefable armonía esencial. Y ahí donde había paz, trae combate; ahí donde todo era sagrado e inocente, inocula profanamente errores de castigadora culpa; ahí donde el solaz y la dicha campaban, disemina extenuación penosa; ahí donde reinaba el Amor, impone la tiranía del temor; ahí donde la Verdad resplandecía, ensombrece con mentiras y fingimientos; ahí donde todo palpitaba en la eterna plenitud de DIOS VIVO, tienta a la divisora parálisis de la decrepitud y la muerte.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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