Las relaciones puras y edificantes, verdaderas y fraternales, no se basan en la cantidad sino en la calidad; nunca se distraen perdiendo el tiempo con lo superficial o meramente anecdótico, van directas siempre a lo esencial, a lo que colma de bendiciones el corazón, a lo que nos eleva en Espíritu, a lo que trasciende egos y carnes mortales, reconectándonos con la Divina plenitud eterna que nos concuerda en un mismo latido universal.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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