El presente es luz de las Almas; y tanto el ayer añorado como el futuro planeado, confusas brumas son desviando del estrecho y buen sendero. Amigo/a, aprovechemos el aquí y ahora con plena conciencia, no sonámbulos ni escondidos. Contemplemos la dirección que toman los pensamientos y actos humanos. Observemos, comprendamos y actuemos en consecuencia, aunque con seguridad sea ir contracorriente. Perseveremos en lo crucial, en lo mollar, en lo que une y bendice. Amemos y no nos dejemos envolver por el miedo y la comodona inercia circundante. Millones de suposiciones reunidas jamás deducen una certeza; pero una certeza sí puede liberar millones de suposiciones. La hora de la Verdad, ya es... O trigo o cizaña, o lobos u ovejas, o amigos o contrincantes, o espíritu o ego.
Elijamos lo correcto sin aprensión. Ni tiniebla ni tiranía domeñan al corazón intrépido, fraterno y honesto. Confiemos. Oremos. Meditemos. Escuchemos, libres de prejuicios, la Sagrada Voz del Eterno entre el bullicio profano del griterío mundano, iluminará nuestro entendimiento, vestirá nuestro desamparo y colmará nuestro más íntimo latido, acompasándolo con el de la Vida de las todas vidas... El radiante flujo presente es un curso milagroso para quienes lo vivencian plenamente, sin vengativos sesgos ni añoradas remembranzas. Nunca la ira y el rencor harán justicia, ni un bello recuerdo o una sentida laudatio tienen el vigoroso brillo del encuentro presente.
Nazcamos de nuevo en lo viejo. Vivamos del Espíritu en la carne. Seamos de lo eterno en lo temporario. El momento inmediato en toda su amplitud (egoicamente cercenada si uno no está vigilante) ya habla de todos aquellos que -sutilmente concatenados- le siguen y de todos aquellos otros que le precedieron. Comunión: providente misterio de sublime consumación. Las profecías son para hoy, siempre para hoy. Lo sembrado a su tiempo se cosecha, sin duda es sabido hoy.
Decidámonos de verdad por la Verdad. Resucitemos en Cristo Jesús. Su guía en el hondón del Alma, libera definitivamente de las garras de la maldad y la muerte. Su enseñanza es Suprema Enseñanza. Quienes la comprenden y aplican, saben... Quienes saben, deben compartir desinteresadamente lo que saben... Quienes comparten lo que saben desinteresadamente, aman... Quienes aman, comulgan con lo Divino... Quienes comulgan con lo Divino, aunque mueran, vivirán... Y quienes viven presentes en el Espíritu atentos a su soplo vivificador, a pesar de la mundanidad y de la carnal muerte, ya se saben destinados a regresar como Hijos/as de DIOS VIVO a su verdadero e inmaculado Ser inmortal en el Reino de los Cielos.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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