Cuidado con el trajinar y trajinar del mundano afán, o el deambular y deambular de acá para allá sin un genuino propósito espiritual que nos aúne de veras con el prójimo en Espíritu y Verdad —por seguir meramente la tentadora inercia ombliguista de las directrices del exclusivo interés propio o del indolente capricho particular—; pero también, más cuidado aún, si cabe, con el agazapado peligro de creernos superiores moral y espiritualmente a los demás (apegados a dogmas monolíticos y excluyentes), pavoneándonos como justos mientras caemos en el ciego e inflexible prejuicio de considerar probo lo injusto y despótico, que al final en vez del espléndido éxito falazmente ofertado por los engañadores poderíos mundanos o por las hipócritas estructuras de dominio religiosas —servidores todos ellos, oculta o ignorantemente, de 'la serpiente antigua' o diablo— de otorgar a nuestro ánimo bienestar, equidad, certidumbre, libertad, júbilo y paz, lo aplastan precisamente con lo contrario: malestar interior, iniquidad, vanidosa inseguridad, esclavitud sensorio/emocional, pesar y angustia vital.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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