Únicamente somos fuertes en DIOS VIVO; de ninguna manera mediante la empecinada porfía de mundanos bríos. Confiemos, pues, en nuestro santísimo y amorosísimo Creador y abandonemos cualesquiera medrosa sensación de abandono o reproche, que, soterrada, diabólica e implacablemente mortifica el frágil ánimo humano.
Nuestra bendita realidad vivencial dentro de la gloriosa Creación Divina —de naturaleza bienaventuradamente santa y eterna— es la de almas libres dadoras de forma (espíritu o nuestro vero ser en comunión, Amor); nada que ver con la separativa percepción y subsecuente definición doliente que hace de ella un intelecto condicionado por un limitado cerebro, encerrado en un cuerpo mortal forjador de una identidad idólatra esclavizada a la forma (ego o falso ser disgregador, miedo).
-Un servidor de DIOS VIVO-

No hay comentarios:
Publicar un comentario