Meditar y orar de veras es un descenso a los recovecos de la mente, que por su ecuánime humildad ilumina lo oculto, pacifica lo encolerizado, alegra lo pesaroso, bendice el presente tal cual se despliega, santifica al arrepentido y, como una buena semilla, de lo profundo eleva un lozano árbol de abundante fruto que llena de genuino Amor universal las relaciones. Porque, notar el fondo de la conciencia con consciencia revela una íntima e inquieta lid personal entre el bien y el mal dilatándose en tiempo, formas y circunstancias, resuelta definitivamente gracias al desenmascaramiento y ruptura con el 'yo' que no se es pero se creía ser (temporario ego/cuerpo) por nuestro ser real (eterna comunión/espíritu), que es, antes y después del tiempo y sus formulaciones, indiviso de DIOS VIVO y de toda Su Creación.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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