El manantial que se seca determina la desaparición de un arroyo o incluso de un río, y quien tenga sed no podrá ya de él beber; similarmente, el alma que se endurece y cierra sobre sí misma recelando o abusando del prójimo, alejada de lo Divino, fraterno y eterno, sin remedio se agosta y seca, desconectándose del incesante flujo de la plenitud de la comunión con la vida, por lo que siempre tendrá sed de ella por mucho que en este mundo transitorio obtenga.
-Un servidor de DIOS VIVO-

No hay comentarios:
Publicar un comentario