La limpia mirada (íntima y universal a la vez) impele a la consciencia a no juzgar a la ligera y sí a comprender en profundidad el origen de los pensamientos y acciones humanas. Entonces, sin rencores ni reproches, libres de egoicos condicionamientos, el presente arde en intemporal comunión vital.
Innúmeras bendiciones, ahora, son milagrosamente reconocidas y aceptadas. Allende los dominios de tensa apariencia se transparenta la aparente densidad del cosmos, revelando su núcleo y esencia sagrados... no hay esquivos horizontes en el ámbito inefable de la Unicidad de DIOS VIVO, pues a la totalidad de las formas y condiciones incluye y acoge.
¡Aleluya! Nada que temer. Todo que agradecer. Tomar consciencia de la conciencia indivisa muestra claro el Camino de caminos que, jornada a jornada, bajo la Luz Divina, por adversas que sobrevengan a veces, le dirige a la segura consumación de la plenitud del Espíritu.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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