El auténtico Despierto, el verdadero extensor de la Luz del Espíritu, el genuino Genuino, el que de cierto convive sin doblez alguna con su prójimo, acalla la temporaria verborrea carnal e incoherentemente voluble que lo mundano le grita y escucha la Voz del Eterno Silencio Esencialmente Comunicante de lo Sagrado que en su Alma trina; reconociendo dentro y fuera como una comunión de vida (Ser/Amor), no como un aparte al que combatir, doblegarse o rehuir (ego/miedo).
-Un servidor de DIOS VIVO-

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