Considerarse superior es lo más ínfimo de lo ínfimo y justificar el propio error a sabiendas el mayor de lo yerros que pudiera cometerse. Y, más terrible aún, la hipocresía de lucrarse del prójimo fingiendo servicial afabilidad, de urdir planes en contra suya simulando apoyarle para su bien o de tramar incluso su muerte tras una amigable máscara, es lo oscuro en lo oscuro, lo desalmado en lo desalmado, lo diabólico en lo diabólico: el más malvado, despiadado y letal de los engaños.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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