La estratégica diplomacia y la calculadora cautela (taimados y ponzoñosos vástagos del temporario ego), que a identificarrnos competitivamente ajenos del prójimo tientan fingiendo una amigabilidad inexistente, nunca han sido ni serán compatibles con la amorosa autenticidad y genuina espontaneidad del Espíritu (fértiles y nutricios retoños de DIOS VIVO), que en esencia y verdad en nosotros moran aunándonos a los unos con los unos en la eterna plenitud Divina que nada sabe de honores o privilegios mundanos.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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