Nunca podrán vivirse milagros manteniendo empecinadamente las rutinas del pensamiento egoico, que mezquino relega al Amor al último lugar tras el interés, los deleites y el confort propio; ni tampoco la dicha de ser en plenitud será experimentada jamás por quienes, identificados sólo con la carne caduca, olvidan el Divino y Santo Espíritu inmortal que nos alienta.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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