En cuanto el ojo apagado se enciende, el alma toda despierta.
Humildad. Hay un desplome que, cuanto mayor es, más eleva... dirigiendo certero hacia una brillante hondura en lo profundo de lo profundo de las almas, a la espera de ser descubierta y plenamente contemplada en su eterna pureza original de sagrada unicidad.
No temamos. Confiemos. Unámonos los unos con los unos en esencia y verdad, en amor y dicha... Dancemos de nuevo, hermanos/as en la Luz, en la armoniosa bienaventuranza de reconocernos indivisos de DIOS VIVO, ¡El Innombrable e Inefable Uno sin opuesto!
-Un servidor de DIOS VIVO-

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