Saborear lo eterno entre temporarias viandas es la mayor de las bendiciones, el más exquisito y nutritivo de los manjares que deja plena el alma. Ya nada del mundo aleja de lo celestial. De pronto, renacidos, el sentido profundo de la existencia se revela y lo egoico se ve en su superficial vanidad. Con claridad se sabe y vivencia cómo el Amor Crístico no es un sentimiento ni una volandera emoción especial que viene y va dejando hambriento el corazón, sino un llenura esencial de Ser en comunión con la Vida toda.
Trasformados por la gracia, ese y sólo ese propósito de eterna comunión es ahora el único a realizar y compartir... Todo brilla con una nueva luz inapagable, pudiendo vivir en paz entre lo conflictivo, sonreír entre pesares, cantar alabanzas entre lamentos, unir entre escisiones, mantenerse firme entre temores y estar dispuestos a dar la vida por la Verdad del Amor de DIOS VIVO que resucita del imperio de la muerte.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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