El reino de los Cielos no es ajeno a nadie, a nada. Amor. Verdad. Plenitud... Dentro del espacio mínimo palpita el máximo, conformando un Sagrado Holograma Autoluminoso, abarcador de pequeñas vidas indisolublemente engarzadas entre sí en la Eterna y Divina Vida Mayúscula, danzando maravilladas en íntima expansión universal que trasciende tiempos, carnes y vicisitudes.
No nos angustiemos ni turbemos entonces por la egoica malicia que parece sacudir al mundo; pues, como el estiércol, tiene una -a primera vista- oculta función (que de lo desechado brote renovada vida). Similarmente, si permanecemos en la semilla del Corazón Crístico, el particular romperá su cáscara, crecerá, florecerá y dará bendito fruto inmortal.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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