Tener delante al dragón (símbolo del diabólico mal, del hipócrita disfraz y del falso poder) ejecutando en el mundo sus despiadados planes como señor de la ocultación, de la furia y de la siempre divisora mentira, es una oportunidad inmejorable para mirarlo a los ojos, ver su mal disimulado miedo -tapado cuanto apenas por una arrogancia cuasi estúpida-, enfrentarlo de cara con la universal confianza de los Hijos de DIOS VIVO, y vencerlo sin combatirlo según sus normas, atravesándolo con la mirada firmemente puesta en lo eterno, santo y auténticamente hermanado.
La Luz, el Amor y la Verdad ya han derrotado su draconiana voracidad maliciosa en la intemporal plenitud del Reino de los Cielos. Victoria mostrada, jornada a jornada, sobre la aparente temporalidad dividida del mundo, y que sólo pueden reconocer aquellos que aspiran de corazón a lo sagrado y veraz. Miremos, pues, de frente su falaz imperio de odio y fuego con corazón abierto; no tiene poder para matar nuestro espíritu, indiviso del Espíritu Divino.
¡Bendiciones! ¡Aleluya! ¡Despertemos de la pesadilla egoica y avancemos con Vero Amor por un mundo ahora sí, por fin, por nosotros perdonado! 'El dragón antiguo' no posee, realmente, fuego alguno que salga de sus fauces y nos destruya; sólo nos lo intenta hacer creer, para así, engañados y dormidos, someternos a sus infames dictados.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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