No nos encademos a resentidos ayeres de insolidaria división y liberaremos futuros de plenitud hoy, siempre hoy, aquí, ahora, transmutando la confusión en claridad, el desaliento en esperanza, la desazón en serenidad, la tristeza en gozo, el enojo en empática llaneza, la codicia en altruismo, la falsía en Verdad y el desconfiado temor en Amor. Puesto que el Camino a la Luz es un constante amar y perdonar, un seguir amando y amándonos, un continuar perdonando y perdonándonos, hasta culminar en nuestro corazón la unicidad de propósito universal del Eterno Espíritu Divino sobre el ego y la carne mortal.
-Un servidor de DIOS VIVO-

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