La luz de un estrella resplandeciente en el firmamento, espejo de la Luz de Cristo Jesús, el Enmanuel, el Hijo de DIOS VIVO, señala el camino en medio de la noche cerrada hacia un pequeño pesebre donde nace la Luz de luces que alumbrará a todas las gentes de buen corazón, liberándolas para siempre de las diabólicas tinieblas que las oprimían.
Viene humilde, frágil e inocente como indefenso niño a este mundo arrogante, belicoso y pecador que no da albergue a los insignificantes y menesterosos. Crece en paz, sencillo, paciente, sin tener ni pretender notoriedad, y, llegada su hora, obediente y fiel a DIOS PADRE -como el León de Judá- extender primero directamente Su Salvadora Palabra a judíos y gentiles, después a través de sus discípulos cercanos, y más adelante por todos los sinceros creyentes en Su Evangelio, que por generaciones viven y extienden su santa enseñanza de Amor y Perdón Divinos a todos los rincones del orbe, para mostrar la segura e inequívoca vía a nuestro bienaventurado y fraterno hogar en el Corazón de DIOS VIVO.
¡Gloria al Padre Eterno y a Su Hijo por siempre! Misterio de misterios... Nace el Salvador en lo humilde, llega la salvación en lo sencillo, mostrándonos desde la más pura mansedumbre humana el universal poder redentor del Amor de DIOS PADRE. No hay sufrimiento que perdure cuando Su Amor santo y verdadero se hace realidad presente, sin necesidad de vistosos ropajes caros que diferencien, ni de ostentosos o fieros poderíos que subyuguen o aterren. La hora de la paz, aunque Satanás por un tiempo en el tiempo siga guerreando, ha llegado para quedarse, primeramente en carne y después, resucitado, en Santo Espíritu para todo aquel que Su luminosa e infalible guía pida.
¡Aleluya! ¡Maran atha! Nuestro Señor viene para derramar incontables bendiciones de perdón y dicha fraternos, sin condición excepcional ni precisar siquiera de especiales méritos o logros, a todos aquellos corazones sinceramente arrepentidos y agradecidos por Su Poderosa Luz, regalada sin reservas para que atravesemos seguros toda adversidad, tribulación o sañuda malicia que el maligno príncipe de este mundo, 'la serpiente antigua', maquine y perpetre.
¡Bendiciones! ¡Maran atha! Nuestro Señor, el Pastor de pastores, llega; a su vera nos reúne, y con infinita bondad pastorea... Y al que se perdió, recupera y reorienta; y al sediento y hambriento, sacia; y al quebrado y maltrecho, endereza; y al dolorido, sana; y al mancillado, restaura; y al apesadumbrado, regocija; y, ahora, como Su pueblo redimido, como Su asamblea fiel, los pecados perdona, lo muerto resucita y al Reino de los Cielos -infatigable- nos conduce.
-Un servidor del DIOS VIVO-
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