Aquello intemporal que abarca los tiempos; aquello increado que todo lo crea y mueve sin necesidad de crearse a Sí Mismo ni moverse; aquello en lo que sucede todo lo existente, pudiendo manifestar a su vez lo aún no manifiesto; aquello de lo que brotan gases, líquidos y sólidos, la carne, sangre, tuétanos y huesos, la inteligencia, los pensamientos y emociones; aquello que impulsa o detiene el viento mecedor de las ondas marinas y permite también que prenda el cálido fulgor de la llama en valles, mesetas y cumbres; aquello que sostiene y da vida a lo mortalmente finito; aquello que inspira lo tosco e ilumina lo oscuro; aquello innominado —por innominable— del que provienen todos los verbos, sustantivos, adjetivos y lenguajes; aquello que cohesiona lo sensoriamente separado en una comunión indestructible en la que el Espíritu modela la forma y no ésta a aquél; aquello que todo lo bendice regalando lo real, verdadero, eterno y santo, según desvanece la ilusión de lo irreal, falso, mortal y errado: el Amor —o Hijo de DIOS—, que es la Creadora Naturaleza de DIOS VIVO palpitando irreductible en todos y en todo desde siempre hasta siempre.
-Un servidor de DIOS VIVO-

























